El mundo de los entendidos del vino es muy extenso, para muchos basta con ver el color y el precio de la botella… para los enólogos, catadores de vino y sumilleres va mucho más allá. El gustillo afrutado, el retrogusto que invade el paladar, un picor en la boca y un sutil toque de madera son parte de los que estos expertos perciben. Pero como muchas veces hemos observado, los interesados en la ciencia han decidido hacer un estudio para analizar la reacción cerebral ante el sabor de los vinos caros y baratos.

Hombres y mujeres dieron más valor a los vinos caros.

Hombres y mujeres dieron más valor a los vinos caros.

El cerebro suele dar valor a las cosas de forma distinta. Seguramente en algún momento has llegado a casa después de unas copas muerto de hambre; o bien has despertado por la madrugada con la misma sensación… Llegas al refrigerador y un trozo helado de pizza te sabe a gloria. Aunque verdaderamente estás consciente que estás comiendo algo no tan gustoso. La necesidad de algo o la sugestión previa pueden afectar nuestro criterio.

El estudio pretende demostrar de qué forma el cerebro puede sugestionarse con el precio y hacer que un vino idéntico a otro sea percibido como mejor con el simple hecho de cambiar el precio de su etiqueta. Nuestra mente suele creer que el sabor de los vinos caros es automáticamente mejor al de los baratos.

Las personas pueden percibir el sabor de los vinos como mejores si su precio es elevado

El estudio empleo el mismo vino con distintos precios para analizar la respuesta cerebral.

El estudio empleo el mismo vino con distintos precios para analizar la respuesta cerebral.

Con el fin de probar esta hipótesis, se reunió a 15 hombres y 15 mujeres; y con ayuda de escáneres cerebrales se observó la respuesta de áreas del cerebro asociadas a la recompensa y motivación. Los resultados arrojaron que al tener un precio más elevado la botella, el cerebro se estimulaba más. La prueba consistía en elegir un vino de categoría media en cuanto a costo (12 euros la botella); y de muy buen sabor. Los participantes fueron sometidos a catar los vinos pero con variaciones en los precios de 3, 6 y 18 euros.

Para la prueba los participantes debían evaluar su sabor en escala del uno al nueve. Entre cada muestra se hizo enjuagar la boca con un líquido neutral. Increíblemente todos pensaron que estaban tomando vinos distintos a pesar que todas las muestras eran provenientes del mismo vino. Aquí funciona el efecto de la sugestión que automáticamente se hace presente al momento de que alguien nos ofrece algo; pasamos a creer que verdaderamente nos está dando a probar cosas de distinto sabor. Y como está demostrado en varios postulados del marketing. Las personas perciben como mejor algo más costoso.

Pero como todo hay un límite, tampoco es que un vino de poca calidad será colocada en una botella de 100 euros y las personas lo van a percibir como bueno. El profesor responsable del experimento expresa que es posible entrenar a nuestro patrón de recompensas para no caer en las trampas del marketing.

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